
Ana María Escutia, es ahora una de las nadadoras más importantes de Argentina. Se insertó en la natación desde niña, tal como cuenta “mi primer profesor fue Luis Rocha y fue quien me enseñó a nadar en el río, ya que las únicas piletas que había en Zárate eran las de los clubes Defensores y Central”, agregando que la natación no fue el único deporte que practicó durante su vida.
Acerca de su condición, explicó que ella es sorda desde que nació y su discapacidad le fue dando diferentes dificultades a lo largo de su vida. “Desde los dos años, realicé tratamientos de foniatría para aprender a hablar y viajaba dos veces por semana para atenderme con fonoaudiólogos; fui al jardín, concreté mis estudios en la primaria y secundaria, y terminé de estudiar en la Universidad sin ningún problema. Pero al momento de conseguir trabajo, nadie me brindaba la posibilidad por tener mi problema.”
Marcaron su vida
Un título que orgullosa muestra en el living de su casa, detalla que es Ingeniera Química y que pudo graduarse bajo las mismas condiciones que cualquier universitario. Pero no le resultó tan fácil insertarse en el terreno laboral. “Jamás pude ejercer mi profesión, por eso después de recibirme busqué oportunidades como docente. Una amiga mía entregó mi currículum en una escuela de Zárate, pero en mi primer entrevista de trabajo el director me lo devolvió explicando que, al ser sordomuda, era imposible que pudiera enseñar”, le contaba al matutino, Ana, diciendo con pena que ese fue el peor día de su vida.
Luego de muchos reclamos sin respuesta, viajó a La Plata (Argentina) en donde certificaron su aptitud para ser docente. Al poco tiempo, recibió una llamada de la misma institución en la que había sido rechazada. “Le dije a mi mamá, no quiero saber nada con esas personas, me hicieron mucho daño”.
Finalmente, y luego de un gran lapso de lucha, consiguió trabajar como preceptora desde el año 1986 en la escuela de Educación Agropecuaria El Tatú, en donde también enseñó química, y sigue demostrando sus valiosas habilidades ejerciendo las labores de secretaria y bibliotecaria, además de ser preceptora en la Escuela Técnica Nº 3.
Es madre de cuatro hijos varones, que ya la han hecho abuela, y asegura estar pasando por un momento muy feliz en su vida, acompañada de seres queridos.
Sus premios
Una repisa grande llena de trofeos y medallas, y una frase que humildemente Ana María se atreve a decir “no sé cuantas medallas tengo, perdí la cuenta”, son demostraciones de su talento como deportista y de la fortaleza que ella tiene ante cada competencia.
Actualmente, ha ganado el Campeonato Nacional de Natación de Aguas Abiertas y hace aproximadamente 15 días, regresó de Córdoba habiendo obtenido cuatro medallas doradas en el Campeonato Nacional de Natación para Sordos. Logró un desempeño excepcional en el último torneo del que participó en Mar del Plata, el Campeonato Argentino Master, en el que consiguió tres títulos nacionales y dos subcampeonatos. “El de Mar del Plata no fue un torneo para sordos, no tenía nada que ver con esa categoría, pero en cada torneo yo me adapto muy bien”, afirmó.
Ahora continúa entrenando para nuevas competencias, en las que seguramente su rendimiento será tan bueno como el que siempre se espera.









