
El cantautor bilbaíno Tontxu ofreció ayer un concierto adaptado al lenguaje de signos
Sobre el escenario de la sala Gonzalo de Berceo, una solitaria banqueta y un micro de pie.
El que podemos llamar privilegiado público, adulto en su
totalidad, tomaba asiento para abrir la tarde de Actual acompañados por
la serenidad del bilbaíno Tontxu Ipiña, un cantautor siempre dispuesto
a sorprender, que irrumpió en el panorama musical español a mediados de
los noventa, allá cuando las canciones de autor casi agonizaban.
La sala Gonzalo de Berceo acogió ayer una peculiar
reseña de la discografía del que podemos calificar como uno de los
herederos de aquella generación de artistas urbanos en la que encajó
Sabina.
Junto a él, Evelin Vega, esa chica en blanco y negro,
autora de la interpretación de palabras cantadas, ocupa de la segunda
banqueta en escena y núcleo de unión entre un público sordo y una
guitarra minimalista y susurrante.
Otro mundo es posible, uno en el que entremos todos.
Así se demostró ayer, ver para creer que se puede
disfrutar de la música padeciendo incapacidad auditiva a través un
lenguaje simbólico que supera barreras. Movimiento corporal reflejado
en las dos pantallas laterales con las que contaron para la
interpretación.
Tocar el cielo
Todos por igual presenciaron las notas que rezaban por
un 'despertar juntos y descalzos nuestros pies', también por las
palabras que regresaban al amor de los diecisiete, confidentes del
hombre que juraba desear hoy más que ayer el color de aquellos ojos de
mujer.
Haciendo referencia a uno de sus temas, Tontxu se perdió ayer en el regazo del público y con eso, le bastó para tocar el cielo.
Fuente: La Rioja









